Miramos la pandemia desde dos puntos de vista diferentes: un enfermo de Covid y una ingeniería

Covid-19 o cómo convertir espacios deportivos en hospitales en menos de 10 días.

 

En este artículo miramos la pandemia y la vida en los hospitales desde dos puntos de vista diferentes: un enfermo de COVID ubicado en una instalación adaptada y una ingeniería encargada de hacer posible la conversión de pabellones deportivos en hospitales con el objetivo de salvar vidas.

Cada día, a las ocho de la tarde, la ciudadanía sale a los balcones a aplaudir la tarea del personal sanitario que ha visto como su vida y su trabajo cambiaba de la noche a la mañana. Pero, ¿quién hay detrás de la adaptación de las instalaciones?, ¿quién ha hecho posible que los respiradores y el oxígeno llegara a los pacientes para salvarles la vida? ¿Cómo se vive la enfermedad aislado en un entorno provisional y con personal no específico?

Carmen Rodríguez, Coordinadora del área técnica de ACI, empezó a encontrarse mal el 30 de marzo. Hacía dos semanas que el país estaba confinado y los hospitales empezaban a saturarse. No había pruebas disponibles y después de varias llamadas y visitas a su CAP, fue ingresada en el Hospital Clínic de Barcelona con un diagnóstico de Covid-19 con neumonía lateral que le impedía respirar sin oxígeno.

Pasé el ingreso hospitalario en una área adaptada de la planta de psiquiatría infantil del Clínic. Esto comporta instalaciones pensadas para enfermos psíquicos y, por ejemplo, no puedes abrir las ventanas para ventilar la habitación, tienes cámaras de seguridad, no tienes una ducha normal ni un timbre para llamar al personal sanitario. En mi caso, pasé 10 días aislada en una habitación, conectada al oxígeno, con un único contacto diario con las enfermeras que entraban con los EPIS de seguridad para tomarme la temperatura y muestras de sangre. En una habitación sin aire fresco, tenían que trabajar con capas de ropa desechable, mascarilla y pantalla protectora, doble guante y demasiadas horas de dobles turnos, cosa que resultaba realmente difícil. Además, el personal no era especialista en infecciosas y leía en sus ojos miedo e inseguridad. A pesar de que fue una experiencia nada agradable, les estoy muy agradecida” – nos explica Carmen.

Para entender cómo es posible que un sistema sanitario como el nuestro pueda llegar casi a colapsar, es necesario echar la vista atrás para ver cómo evolucionó la situación.

En un primer estadio, los CAP se saturan y empiezan a derivar pacientes con cuadros graves hacia los hospitales. Cada vez hay más enfermos que necesitan cuidados intensivos y las UCI’S de los centros hospitalarios no dan abasto. Para intentar dar respuesta a esta necesidad, los mismos hospitales transforman espacios con otros usos a áreas UCI dentro de sus instalaciones multiplicando, así, las zonas de cuidados intensivos. A pesar de todo, la curva de enfermos sigue subiendo y las administraciones ven con preocupación que ya no hay más camas disponibles. En este punto, se empieza a pensar en “hospitales de campaña” para dar cobertura a una población cada vez más enferma.

Para ver el enfoque desde el otro lado, contactamos con JG Ingenieros, una consultora de ingeniería con mucha experiencia en diseño y ejecución de proyectos de instalaciones hospitalarias. Por su dilatada trayectoria fueron llamados para llevar a cabo 5 proyectos diferentes de adecuación de instalaciones en hospitales efímeros.

Trabajaron en varios proyectos: participaron en la dotación de 100 camas de UCI en el interior de espacios hospitalarios y se proyectó la adecuación de edificios municipales en Tarragona, Lleida y Girona. Hay que decir que, por suerte, estos últimos no se llegaron a ejecutar porque la curva de enfermos pudo ser asumida por las instalaciones hospitalarias existentes.

Lluis de la Torre, coordinador del proyecto de Lleida, nos explica que en circunstancias normales se diseña un proyecto, se aprueba y después se ejecuta en un proceso que dura meses. En esta situación de emergencia se cambiaron todos los protocolos y se trabajaba de la mano con todos los agentes que tenían que intervenir in situ.

A la hora de hacer el diseño se tuvieron en cuenta 3 factores:

  1. ¿Con qué instalaciones contábamos? Debían estar cerca de los hospitales de referencia y tener unos mínimos requisitos para tener que hacer las mínimas adecuaciones posibles.
  2. ¿Qué equipamientos podíamos conseguir? En un entorno caótico con desabastecimiento general de respiradores y otros materiales esenciales, había que ser imaginativo y hacer las adaptaciones necesarias para proveer de camas, unidades respiratorias, separadores, duchas o lavabos.
  3. ¿Con qué personal contábamos? Hay que recordar que en aquel momento, la mayoría de las empresas estaban en un ERTE y los desplazamientos estaban restringidos. Por lo tanto, se necesitaban montadores e instaladores locales.

Para proyectar estas soluciones de emergencia trabajaron contra-reloj y en equipo arquitectos, ingenieros, personal sanitario e Instituciones públicas, para aportar soluciones en una situación que se desbordaba y que cambiaba a medida que pasaban los días. En sólo una semana larga fueron capaces de diseñar la transformación de pabellones deportivos en instalaciones hospitalarias de forma que se podían poner en marcha y ejecutar estos cambios en solo 10 días desde el momento en que las instituciones dieran la orden.

Otra característica que complicaba las cosas era que la enfermedad evolucionaba, las curvas de infectados cambiaban y por tanto, las necesidades asistenciales también.

Inicialmente, se diseñaron las instalaciones para acoger los enfermos menos graves, con un cierto grado de autonomía pero que todavía necesitaban oxígeno. Estos pacientes no podían aislarse en sus domicilios por posibles contagios a grupos de riesgo o familiares y había que proporcionarles un lugar donde estar asistidos. Más tarde, los flujos de información continua con el personal asistencial demandaron que se necesitaba también acoger a pacientes más graves con una dependencia más alta. Por lo tanto, este hecho hizo que el diseño de las instalaciones fuera cambiando para adaptar éstas a las necesidades del paciente objetivo que tenía que ser el usuario final. El trabajo en equipo de ingenieros, arquitectos e industriales lo hizo posible en un tiempo récord.

Lluis nos explica que “el mejor objetivo logrado para resolver esta crisis es que hemos trabajado en equipo durante el proceso de diseño incluyendo la parte asistencial. Esto ha sido un hecho clave a la hora de determinar las necesidades reales que sólo los que trabajan en primera línea pueden determinar. Detalles como los circuitos óptimos, la gestión del material de desecho, la logística de las comidas, las necesidades de lavandería o seguridad, la salida y la entrada de pacientes o la gestión de las defunciones marcaron de forma crucial un diseño rápido y óptimo con un margen de error muy pequeño”.

Esta situación de crisis ha hecho que surjan los líderes naturales. Los equipos tiraban adelante y el trabajo salía gracias a personas que tienen un talento natural para liderar y tomar decisiones de forma resolutiva, dejando de lado el cargo o posición en la que se encontraban. Es una experiencia enriquecedora trabajar en equipo con gente que tiene ganas de hacer avanzar las cosas sin poner impedimentos innecesarios ni demasiada burocracia” nos explica Vicens Garcia, Director Gerente de JG Ingenieros.

Como reflexión final, el sentimiento común a los dos es de agradecimiento hacia las personas que han intervenido en cada una de las fases: enfermeras, médicos, responsables de càtering, limpieza, industriales de varios ámbitos (carpinteros, pavimentos, electricidad, carpinteros, telecomunicaciones, gasistas y un largo etc.) y también a los responsables de las diferentes instituciones de Catsalut, SEM, Hospitales de referencia, Ayuntamientos y otras entidades públicas que han participado en estos proyectos.

Conseguir que las instalaciones hospitalarias estén preparadas, con las equipaciones sanitarias necesarias y el personal asistencial suficiente es el nuevo reto por el que hay que trabajar, puesto que de la anticipación a posibles rebrotes dependerá el éxito en la lucha contra esta pandemia.